Sobre mí

Rafa Hernández. Espíritu libre. Perdedor vocacional. Devoto del Decrecimiento como filosofía. Adoro la montaña, el esquí nórdico, la música, los gatos, las fotos y los buenos poemas. Los malos, también. Grave defecto: soy economista.

author

La Femme. Antitaxi. El encanto de lo incorrecto. #VDLN 127

Comenta


Aunque quizá no sea éste su momento; aunque ni siquiera se corresponda con la edad; aunque ningún camino conduzca a destino concreto; aunque como todo en este mundo nuestro, nazca con fecha irrevocable de caducidad; aunque la meta se identifique con el proceso; aunque garantice un nuevo fracaso, para variar; aunque alguna vez dijéramos nunca más; aunque solo admita la conjugación en tiempo presente; aunque como en cualquier callejón sin salida no quepa otro refugio que el diminuto agujero que hasta él nos condujo; aunque no nos sirva; aunque se halle proscrito por una sociedad que nos repele tanto como nosotr@s a ella; aunque ni se pueda ni se deba contar… “prefiero una locura que me entusiasme a una verdad que me abata” (Christoph Wieland).

La Femme, Antitaxi. Una inadecuada demencia que entusiasma. La simple demostración de que hasta en la monótona música contemporánea se puede escapar de la dictadura de los chicos con barba y las damas aburridas, cantando felizmente a la infelicidad. Quizá la vida solo sea una mentira que nos conduce ante la certeza inexorable de la muerte; pero si nos abandonamos al instinto, si dimitimos del absurdo vicio de buscar razones en lo que no las necesita, aún puede reconocerse divertida. 



Buen #VDLN, mejor semana. Disfruten de lo incorrecto con salud y en libertad.

Para ver las reglas y las canciones propuestas por el resto de participantes en este juego de blogs, pulse el botón. 




Leer más

Tuxedomoon. In a manner of speaking. #VDLN 126

18 Comentarios
Ni siquiera recuerdo a quién se la escuché, dónde la leí por vez primera o cuándo inventé una de esas frases que por razones siempre ignoradas convertimos en himnos malditos de nuestra existencia. Culpa de la edad, supongo, o de ciertas medicaciones que con desquiciante parsimonia vamos retirando de la dieta, o tal vez de una memoria que, selectiva en lo pésimo, solo reconstruye lo que merece el olvido. Tampoco importa, con independencia de la autoría “ninguna persona puede ser nada diferente a aquello en lo que cree con pasión”.


Lo comprendí pronto, en los primeros ochenta, en plena fiebre de ese punk tardío que llegó a España tras la muerte de un tipo de poca talla y mucha mala hostia que se apropió del Estado durante cuatro décadas. Vaya pintas. Consumíamos medio sueldo en repulsivos ungüentos para mantener más o menos erectos los cabellos. Aunque ni mis hijos lo crean, por entonces aún subsistían. Sin abandonar del todo la enfermiza adicción a los Clash, a los Ramones o a aquella dama negra que con nombre de tribu india centraba buena parte de mis sueños eróticos de la época (Sioxie Sioux), unos yanquis exiliados en la Europa continental me sonaron a genios malditos desde la primera nota. Como las obras de Beckett o los poemas de Juan Ramón, “a la minoría, siempre”.

Fieles a su denominación comercial, los concebía una especie de underground con esmoquin. Críticas excelsas y ventas ruinosas para una banda oscura, poética, tan atemporal como inclasificable, con el mérito de haberse mantenido más de treinta años a la vanguardia de las vanguardias. Cuando escuchabas algo que intuías diferente, ellos ya lo habían compuesto hace diez años. Ellos, siempre ellos, como mis anhelos eternos, como las hembras con las que en algún momento compartí vida, como los versos de Miriam Reyes, como el hiperrealismo macabro de Gottfried Helnwein, como el teatro de los sueños del lobo estepario, como tú, como todo lo que en mi personal orden de valores merece el privilegio de vivirse... “no para cualquiera”. In a manner of speaking, Tuxedomoon. Por así decirlo, la canción más bella; mi modo predilecto de ejercer el ingrato personaje de antisistema.

Por así decirlo,
solo quiero decir que nunca olvidaré la forma
en que me dijiste todo sin decirme nada.

Por así decirlo,
no comprendo como se reprime el amor en el silencio.
Pero lo que por ti siento va más allá de las palabras.

Oh, dame las palabras.
Dame las palabras que no me dicen nada.
Oh, dame las palabras.
Dame las palabras que me lo dicen todo.

Y por así decirlo, la semántica no sirve.
En esta vida que vivimos nos las tenemos que arreglar por nuestra cuenta.
Y nuestros sentimientos tengan que ser quizá sacrificados.

Por así decirlo,
solo quiero decir que al igual que tú,
quiero encontrar el modo de decirlo todo sin decir nada.
Oh, dame la palabra.



Aunque deprimido por la escasa repercusión comercial de su obra, Wiston Tong - el primer vocalista -, los abandonó pronto para centrarse en otras actividades menos frustrantes; Steve Brown y Blaine Reininger continuaron su carrera hasta completar diez discos de estudio, cada vez más espaciados en el tiempo, pero conservando esa aureola de rebeldía cultureta que aún exhiben en las giras. Para quienes decidan profundizar en una de mis pasiones más explícitas, les dejo otro par de cortes: The Waltz e In Heaven. Otros dos títulos con aroma a militancia minimalista, quizá difíciles de escuchar, y poco aptos para convertir en llevadera la doméstica labor de planchar camisas. Como casi todo lo que merece la pena, exigen calma, sofá, cierto gusto, espíritu abierto, quizá algo con lo que intoxicarse un poco y una compañía sin vértigo a volar hasta donde el viento nos conduzca. Muy adecuados para este tiempo de otoño cálido que septiembre nos obsequia.





Tuxedomoon volverán sin duda a la isla musical de los viernes porque, aunque a veces nos empeñemos (y hasta nos empeñen) en lo opuesto, “ninguna persona puede ser nada diferente a aquello en lo que cree con pasión”. A estas alturas... tampoco apetece. Esta vez sin demasiada confianza, espero que les gusten. Feliz #VDLN, feliz semana. Salud y libertad.

Para ver las reglas y las canciones propuestas por el resto de participantes en este juego de blogs, pulse el botón. 




Leer más

Ibrahim Maalouf. Rojo y negro. #VDLN 125

15 Comentarios

A veces me siento un alma prisionera en cuerpo extraño. Mi espíritu ejerce su derecho al autogobierno y alcanza la fatal convicción de haberse equivocado de tiempo, de lugar, de oficio, de gustos, de familia, de sexo, de aficiones, de amores, de ideales, de momentos. Quizá también de cerebro. Percibo que mis órganos se revelan y desobedecen; que cuando imploro a los ojos dirigir la mirada hacia el oeste se vuelcan hacia el sur, que cuando ordeno a la mente ponerse en marcha, se detiene. A veces todo se torna ajeno, derrama su sentido hasta vaciarse y el absoluto se convierte en nada. A veces me intuyo dividido en dos porciones casi exactas que con la misma intensidad se odian y se aman.

A veces, cansado de descansar, me levanto antes de acostarme y me desintegro en el sofá para identificarme con Don Rosario, aquel personaje de Mihura que veía lucecitas inexistentes en la escena inicial de Tres sombreros de copa. Me automedico unas cuantas dosis de pacharán y enciendo algo que no debiera hasta intoxicarme de mí mismo. Enchufo el reproductor a toda hostia y me dejo inundar por esta fusión de culturas franco-libanesa. Levante y poniente, clásico y contemporáneo, acústico y eléctrico. Rojo y negro, la sangre de la vida y la oscuridad de la muerte. Todo se desvanece y los absurdos problemas terrenales terminan por perder su peso. Y entonces descubro el orden subyacente bajo el kaos. Y entonces te vuelves realidad, porque yo te invento…



Espero que, tras disculpar mis desvaríos, disfruten del mejor Ibrahim Maalouf en esta versión de su conocido Red&Black Ligth. Tan reciente que el disco (un imprescindible resumen en directo de diez años de carrera) se publica el próximo siete de octubre. En mi criterio una obra de arte que, pese a la longitud de la pieza, les sugiero escuchen completa. Aunque igual se pierden lo mejor (esa intro de piano, junto a la explicación del músico, no tienen precio), l@s impacientes pueden adelantar el cursor hacia el minuto cuatro y medio. Como solemos afirmar en situaciones comprometidas: no es lo que parece. Rebosa talento, incluso en los silencios. La simple exposición de la belleza de lo colectivo al ejecutar cada cual la melodía a su manera. De los beneficios de sumar individualidades sin asesinarlas. De lo que sucede en nosotros cuando olvidamos los prejuicios, los entornos, las palabras, las razones y hasta la razón, para abandonarnos a merced de los sentimientos; cuando descubrimos que la vida es una partitura con notas repetidas que termina sonando diferente, sin más que cambiar el instrumento; cuando dimitimos del papel de espectadores para convertimos en intérpretes de una obra que nos pertenece.


No doy más, la brutalidad de Tordesillas me dejó espeso. Gracias a l@s compas por ser, por estar y por aliviar esa sensación de soledad, de habitar siempre oculto en campo enemigo, que a veces me devasta. Feliz #VDLN, feliz semana. Salud y libertad.

Para ver las reglas y las canciones propuestas por el resto de participantes en este juego de blogs, pulse el botón. 


Leer más

Tordesillas: como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

5 Comentarios
Oficialmente ellos ejercían de víctimas y nosotr@s de verdugos, de radicales intransigentes que impedían al pueblo el desarrollo de su libertad; pero éramos l@s activistas quienes para para caminar sin daños por las calles de Tordesillas, debíamos ocultar nuestras ideas, nuestra intención de convertirnos en testigos honestos de cuanto allí aconteciera. Lo descubrimos la noche antes, cuando tras espiar diversas conversaciones entre unos mozos que afirmaban destinar la madrugada a la caza del animalista, nos las vimos negras para pedir algo de cena sin delatar nuestra irrenunciable condición vegana. Aunque lo interpreté como excesos de tasca, tampoco parecía el momento adecuado para disipar las dudas.

Imagen: Jordi González


Conscientes de que en grupo resultábamos identificables con mayor facilidad, tras el desayuno nos distribuirnos por parejas. Escogí la mía de siempre, un compañero curtido en mil guerras con el que me siento extrañamente seguro allá donde vaya. Pese a nuestras diferencias, los dos sabemos de qué va esto y nos entendemos con solo insinuar una mirada. Él a robar sus imágenes, yo a hurtar mis palabras. Ninguno cuida del otro y cada cual solo responde de sí mismo y del riesgo que se asume de forma voluntaria al fundirnos sin trampas con un ambiente tan hostil. Aunque siempre conservas ese no se qué por si algo falla, nos mantuvimos fieles a la estrategia habitual: hacerlo todo de un modo tan descarado, tan visible, que nadie llegase a sospechar nada. Quizá para relajar, se me vinieron a la mente las ocurrencias de algún amado correligionario de un ámbito que poco tiene que ver con el que aquí se trata. No cayó en mejor idea que estacionar el coche en el parking de la Carrera de San Jerónimo, para participar en el “Rodea el Congreso”. Genial.

Imagen: Rafa Hernández


En la cuesta que conduce desde la plaza hasta el río, nos repartieron unas pegatinas de apoyo al Toro de la vega. Las tomamos con desgana, pero sin aspavientos que no estaba el campo para exhibiciones. Al final de la rampa, un par de señoras castellanas nos descubrieron una habilidad sensitiva fuera de lo común. Según parece, distinguían a quinientos metros el hedor de “esas guarras que no se duchan”, dirigiendo la vista hacia la zona en la que se concentraban l@s antitaurin@s. Metros abajo, sus maridos, porque est@s son de los que se casan como dios manda, encontraban el origen de la protesta en su condición de "mal folladas”. Aunque lo intuyo consecuencia de esa insatisfacción sexual tan característica de cierto sector de la sociedad conservadora, qué elegancia y qué altura intelectual; rezumaban por los poros ese ingrediente artístico del que tanto presume la tauromaquia. Otros indicaban que si se dedicasen a fregar no tendrían tantas ganas de jorobar la pava. De los tíos, por supuesto, ni media palabra. Un machismo rancio y turbio, tan detestable como su añorada fiesta.

Al cruzar el puente, se apodera de mi alma una envidia insana. Cuánto caudal, más o menos limpio, frente a la cloaca de ese Tajo en el que aprendí mis primeras brazadas. No pude evitar exclamar internamente “menuda hostia” al comprobar la altura que nos separaba del agua.

Por fin alcanzamos la famosa rotonda en la que en anteriores ediciones se concentraron las protestas. A esas horas, todo más o menos en calma. Insultos, algún machito palurdo que se exhibe ante las damas, amenazas… Va, chorradas. La Guardia Civil con buen criterio, separó a l@s animalistas de los indígenas para evitar el linchamiento premeditado de los primeros. No se trata de una afirmación gratuita, de esas que se entonan por rellenar palabras. Alguna compañera consiguió grabar conversaciones en las que eso se afirmaba, que todo estaba previsto para que los antitaurinos se llevasen su merecido a casa. Sin exageraciones, hablaban de armas.

Imagen: Jordi González


A falta de otras presas más apetecibles, los “oprimidos” tordesillanos tomaron por objetivo las cámaras. Que se lo cuenten a los reporteros de TV que aguantaron las envestidas de un personaje de Medina, muy conocido en el evento por acudir a él cada año en auto-stop, con su físico de gorila de montaña e intelecto de bacteria minusválida. Ninguna sociedad puede proclamarse sana mientras tipos como ese caminen por las calles a sus anchas. No querían que nadie grabara las tortas que se repartieron a eso de las nueve, cuando identificaron un grupo en esa zona maldita que antes señalaba. Tampoco que quedara registrado como, entre una manada de salvajes, izaron en volandas a una compañera con la explícita intención de arrojarla al Duero desde el mismo puente que dejamos a la espalda.

Ya en el recorrido, escucho a los jinetes repartirse por tramos para vigilar que ningún activista penetrase entre el vallado. Lo previsto, patearlos con sus monturas si alguno lo intentaba. Aunque nunca sabré si sirvió de algo, avisé a la gente por whatsapp. Vaya ojo que tuvisteis tíos. Con que entusiasmo sonreíais ante mi cámara, ignorantes de que quien la disparaba era una parte diminuta de ese enemigo invisible contra el que hacíais guardia.

Imagen: Jordi González


Tras una manifestación orquestada desde el Ayuntamiento con dinero de tod@s, en la que los vecinos reclamaban su discutible derecho a regresar al medievo, nos adentramos al fin en la vega. Nos sirvió para separarnos una charla intrascendente con un par de policías que nos aconsejaron sobre los lugares más adecuados donde tomar instantáneas. Me propuse aislarme de todo y por esa curiosidad innata de comprender al enemigo, intenté sumergirme en la fiesta, pillarle la gracia. Incluso desde su perspectiva, no le hallé el menor sentido. Centenares de personas huyendo de un animal que huye. Los señoritos, a caballo; el resto a pata. Clasismo andaluz al estilo de la estepa castellana, con la plebe convertida en apasionada defensora de los privilegios de las élites. Un absurdo en el que la gente corría en direcciones opuestas en cuanto alguien imaginaba entre la polvareda la silueta del toro. Menudos valientes. Ni arte, ni plástica, ni rituales; nada. En un par de ocasiones nos advierten que no está permitido tomar fotografías, algún talibán con vocación policiaca. Ni caso. Tú di lo que quieras que yo haré lo que me de la gana, pero de algo te ocultas con semejante fobia hacia las cámaras.

Imagen: Jordi González


Encasi una hora de encierro – pobre animal, sesenta minutos de carrera atemorizada hasta el agotamiento –, también quedó un espacio para la sonrisa. Uno de los civiles sufrió un accidente con su montura, sin duda aterrada por la presencia de Pelado. Vaya mala fortuna la de ir a un encierro a exhibir testosterona y que te caiga encima un guardia. Me saltó una carcajada al imaginar el titular: herido por asta de tricornio. Te cagas.

El diluvio adelantó el fin a semejante astracanada. En ningún momento percibí la menor sensación de peligro. Frente a quienes huían despavoridos en cuanto el toro arrancaba, decidí confiarme a la racionalidad del cálculo probabilístico. No iba a tener tan poca suerte como para que entre una multitud el bicho se fijara precisamente en mí. Y además creo que ya agoté en otros ámbitos de la vida el cupo de la mala pata. Y así terminó todo. Bajo un cielo que lloraba. Con Pelado primero dormido por dardos tranquilizantes y después apuntillado, entre centenares de energúmenos de mala baba. Como en la canción de Sabina (buen ejemplo de poeta urbano, pero pésimo de antiespecismo), Tordesillas siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

Imagen: Jordi González


Poco importan las distintas versiones sobre la suerte del animal. No seré yo quien firme una petición de indulto de change.org. Primero porque no sirve para nada diferente que enriquecer a quienes gestionan los intereses de la empresa intermediaria. Segundo por agravio comparativo con otros bovinos que en cada fiesta de cada pueblo abandonamos a su suerte, incapaces de abarcarlo todo.

Tras recuperar la calma hago inventario de conclusiones. Taurinos, aunque no nos sirva, aunque no podamos evitar el inútil tormento de un ser vivo, para la simple diversión de quienes por cuestiones patológicas o por educación mala, os mostráis incapaces de ejercer la empatía; habéis perdido. No volveréis a lancear al toro en público. No os hemos ganado nosotr@s; tampoco os ha vencido PACMA, rompiendo lancitas en la Puerta del Sol y colgándose a las espaldas un éxito que nos pertenece a tod@s, incluso a l@s que carecemos del hábito de vender nada; ni cuatro matones con complejo de superhéroe que se alistaron al ejército con la guerra concluida. Os venció una historia que, aunque a veces con pasos dubitativos, siempre avanza. Y os agrade o no, así sucederá lentamente con ese arte de la tortura que llamáis tauromaquia.

Imagen: Jordi González


Ya en el coche, me despedí de este pueblo maldito con la certeza de no regresar jamás. En ausencia de la sangre del astado, para que vuestra fiesta cobre sentido precisáis de otra víctima, de otro objetivo, y al menos quien esto escribe no está dispuesto a seguiros el rollo convirtiéndose en diana. Tordesillanos, tordesillanas, nosotr@s no hemos ganado; pero vosotr@s, por más que os joda, sí que habéis perdido. Aunque nunca fuera esa nuestra meta... que os den. Por acción o por cobardía, lo merecéis.
Leer más

Jorge Cafrune. Mi luna cautiva. #VDLN 124

16 Comentarios
Siempre me gustó, a qué negarlo. De joven dicen que hasta prometía; después poco a poco lo fui abandonando. Caminos que por nosotras se encarga de elegir la vida, supongo. Durante años me debatí entre las letras y la fotografía. Como de casi todo, me convenció una conversación íntima bajo humos de tabaco negro y otras sustancias malsonantes. Qué habrán sido de aquellos Habanos que devoraba a razón de dos paquetes diarios y que dejaban la faringe como si desayunaras un aguardiente bien cargado. Qué habrá sido de todo, incluso de mí, que con más de medio siglo aún continúo sin encontrame.

Foto: Rafa Hernández

– Aparca las imágenes y céntrate en escribir. Con la cámara no eres malo, pero sí muy lento. Hasta en eso llegas tarde. Solo te gustan los macros de insectos y los retratos contrastados en blanco y negro. No sirven. Me agradas más en prosa, pero terminarás publicando versos suicidas. Te conozco. Naciste rebelde, tío, quizá demasiado para triunfar en algo.

Acepté el reto con una condición, que cuando ya no alumbre el candil de mi alma, que cuando mi llama se apague como las colillas de aquellos cigarros recios que antes rememoraba, alguien los entone, de pié, cara al viento, pero Que seas vos. Con casi treinta años de retraso y desde esos Abismos que publicito en el margen derecho de esta entrada, cumplí mi promesa; siempre fui gente de palabra.

Si te pones triste
piensa que la noche estrellada estoy yo
que si se ha perdido mi canto en la sombra
perdurará en vos.



También hace más de treinta años, treinta y ocho para ser exactos, que la funesta dictadura argentina, presidida por un criminal en serie llamado Videla, decidió disfrazar de fatalidad el asesinato de Jorge Cafrune. Interpretar en un concierto este tema porque "aunque no esté en el repertorio autorizado, si mi pueblo me lo pide lo voy a cantar", adquirió el dudoso privilegio de convertirse en detonante de su desaparición. En cualquier mirada con la razón medio en uso, carecía del menor contenido político; pero un canto a la esperanza no podía tolerarse durante semejante régimen. Los milikos preferían el honor, la patria, los desparecidos, los fantasmas de los fantasmas, la fe, el orden, los muertos, las Malvinas… El Turco, que así se le conocía, vulneró la prohibición y falleció "accidentalmente" atropellado días más tarde. Compuesta por Luis H. Morales en los años cincuenta (seudónimo del mendocino Luis Profili), Zamba de mi esperanza. Como los recuerdos, como las emociones, como algunos seres… un himno incorrupto, inmune a la enfermedad del tiempo; como ciertas estrellas de ese cielo virgen de los días claros de invierno, capaz de brillar cientos de años después de haber muerto.

Estrella tú que miraste
tú que escuchaste mi padecer
Estrella deja que cante
deja que quiera como yo sé




Sospecho que a estas alturas se andarán cuestionando la identidad de mi interlocutora en esa especie de cuento con el que abría la entrada. Me desnudo. Su fidelidad como lectores, la que a veces me abruma cuando compruebo el número de visitas a este absurdo archivo de insensateces, impone confesarlo. Fue Mi luna cautiva, un ser en parte real y en parte imaginario con el que, de vez cuando, aún me cito a solas. Todo un privilegio.

Tu amor es una estrella con cuerdas de guitarra
Una luz que me alumbra en mi oscuridad
Acércate a las rejas sos la dueña de mi alma
Sos mi luna cautiva que me besa y se va 



Aunque les supongo sorprendidos por este género tan poco frecuente en mis viernes sonoros, espero que les guste. Ya saben que, robando la frase a Victor Hugo y con independencia de estilos, "la música es aquello que no puede expresarse con palabras, pero no puede permanecer en silencio". Feliz #VDLN, feliz semana. A por septiembre con salud y en libertad.

Para ver las reglas y las canciones propuestas por el resto de participantes en este juego de blogs, pulse el botón. 




Leer más

Estas Tonne & Reka Fodor. Sin palabras. #VDLN 123

25 Comentarios
Imagen: Deridagys

Hoy breve, mucho. No apetece. Culpa mía, incapaz de adaptarme a un tiempo miserable que no me satisface ni en los que dicen guerrear contra él. Tal vez de un coche contaminante que me lleva hasta donde nunca quise ir; de una casa sin préstamo que hipoteca nuestras vidas hasta más allá del más allá; de un trabajo estable que te termina amarrando a algún lugar; o quizá de la obligación impuesta de dar a los nuestros lo mejor, según criterios ajenos que nunca comprendí. 

Hoy me retumban vacíos los gritos de la política, si es que algún grito o alguna política sonaron alguna vez diferentes a un ruido ensordecedor. Me resbalan los resultados deportivos y los arreglatodo de saldo en las redes. Hoy dejaron de importarme los tiempos verbales, solo existe el presente, el resto es ilusión; me molestan los cabreados contagiosos y hasta los pitonisos de un futuro que dicen va a ser peor. Hoy borraría a todos mis contactos cibernéticos; quemaría en una hoguera inquisidora la colección de ciencias sociales, otro oxímoron, otro modo sutil de herir a la palabra libro; y con ellos a los infinitos genios de ocasión. 

Hoy me irritan los cabreados contagiosos; los alarmistas; los que disfrazan de empatía su incorregible egoísmo, son legión; los inventores del pasado; los que siempre llevan razón; los solidarios profesionales, ignorantes de que aquello se llama amor. Hoy asesinaría a quienes nacieron incapaces de percibir que cada instante es un trozo de nosotros que de nosotros se fuga; que nuestra historia se escribe en las Opiniones de un payaso de Heinrich Boll. Hoy ahogaría a los que no toleran la diferencia; a los diseñadores de uniformes colectivos; a todo lo sucedido, porque ya no importa; a los trajes de marca, sea cual sea su color. Hoy me sentaría a tu lado para compartir silencios y gozar de las notas de Reka Fodor y Estas Tonne. Otros dos ilustres desconocidos, otros dos coleccionistas de momentos, como tú y como yo.



Espero que les gusten esta extraña pareja, unidos por el arte y por su proximidad a determinado shaman budista, muy popular en centroeuropa. Él, un trotamundos que tras cursar estudios de guitarra clásica en su Ucrania natal (entonces bajo el poder de la felizmente extinta Unión Soviética), emigró a Israel, donde abandonó todo, incluso a sí mismo, para reencontrarse años más tarde en Nueva York. Ella una actriz, bailarina y percusionista de origen rumano, que alcanzó la gloria en su país, hasta que decidió estacionarla para perseguir un sueño. La simple confirmación de que como escribió Carlos Castaneda, “ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no”. Un dúo, unos sonidos, unas danzas, que me regalan la paz que preciso en un día como hoy, en el que quien sabe si para siempre, decidió dimitir la inspiración.



Feliz #VDLN, feliz semana. A por septiembre que es corto y amanece seco. Salud y libertad.

Para ver las reglas y las canciones propuestas por el resto de participantes en este juego de blogs, pulse el botón. 



Leer más

Mira Awad. Bahlawan (Equilibrista). Amores inexplicables (VIII). #VDLN 122

24 Comentarios
Sahar, leona en hebreo, no encontró mejor modo de introducirme entre los suyos:

– Mi amigo es escritor y ha venido hasta aquí en busca de la inspiración que dice faltarle en occidente. Él ha sido muy gentil conmigo en su país. Es mi invitado, quiero que sea bienvenido y que reciba la hospitalidad que nos distingue como pueblo. Shalom Abbá  una expresión común, algo parecido a "en paz padre", un saludo, quizá una solicitud de calma –, pertenece a los nuestros. 

Aunque no interpreté muy bien su última frase, cualquiera preguntaba en el refugio doméstico de un alto cargo del ejército, custodiado por unidades de élite de la policía militar. Me limité a asentir con una sonrisa, la que todas practicamos cuando nos domina la ignorancia. A ratos me percibí observado, como un pobre perro de concurso, mientras los jueces examinan si su físico corresponde al pedigrí que anuncian los documentos. Según comentó ya en privado la amiga, con un gesto tan dulce que no fui capaz de traducir, los suyos se tranquilizaron al apreciar en mi rostro indubitados rasgos semitas. Nunca pensé que aquella fractura de tabique nasal, consecuencia de la juvenil afición a las artes marciales, junto a los ojos que transmite mi genética por estricta linea materna, adquirieran semejante relevancia.


No me agradó Tel-Avic. Una urbe moderna, más bien fea, repleta de repulsivos signos de desarrollo capitalista. Como Madrid o Barcelona, pero sin clase y dividida en barrios, según la etnia dominante. En unos los ortodoxos, en otros los de origen eslavo y así hasta completar un rompecabezas en el que al final cabe todo, aunque se mire peor lo árabe.

Me cautivó Haifa. Pequeña, histórica, culta, acogedora y, pese a albergar entre sus muros una central nuclear, respirando esa paz interior, ese shalom, que en la zona (y tal vez también en nuestras vidas) tanto se escatima. No me extraña que mi admirada Viviane Nathan la escogiera como retiro temporal. Un oasis semisdestruido tras la última guerra (los musulmanes también disparan), a quince kilómetros de la impermeable frontera libanesa y a no más de treinta hacia el oeste de las montañas del Golán. Me sorprendió la cantidad de matrimonios mixtos entre árabe y hebre@ que convivían sin traumas sobre sus angostas callejuelas, las consecuencias de un agnosticismo que poco a poco se abre paso entre tanto dios. Ningún parecido con esa realidad interesada que desde el integrismo de ambos bandos se nos transmite.

Fue en los majestruosos jardines de Monte Carmelo, el centro mundial de la religión Bahaí, donde coincidí con Dana Marcovich, una poeta muy joven cuya obra me fascina. No se trataba de un encuentro casual; por alguna razón que se me escapa, mi anfitriona interpretó que aquella cita a ciegas con la excusa del verso, cumpliría con el extraño privilegio de satisfacer a las dos partes. Por la mía lo confirmo, por la suya ... no pareció disgustada. Quedé convulso ante su definición de poema:

Esto es lo que pasa
cuando permiten que la niña
dibuje en un cuaderno con renglones
(Dana Marcovich)

Conste que lo de la niña lo escribió ella y además se torna la aspiración última de todo diseñador de estrofas, no salga alguien, aún afectado por el virus olímpico, y me acuse de infantilizarla por su condición femenina. Al atardecer, tras una agradable cena en el puerto pesquero que adorna la zona vieja, Sahar me habló por vez primera de Mira Awad:

– Te empiezo a conocer Rafael – que así me llama, con idéntico tono con el que lo hacía mi abuela –. Escucha, te va a gustar. En cierto modo, tú también eres un Bahlawan.

Camino sobre la cuerda floja
con los brazos extendidos
sin garantías, ni red de seguridad.
Una equilibrista.
una equilibrista sin red de seguridad.
Estoy suspendida entre el cielo y la tierra,
sopla un viento intenso,
un paso tras otro, mantengo el equilibrio.
Si cometo cualquier incorrección,
cualquier pequeño error, vuelo, 
vuelo.
Yo viví siempre así, siempre en el alambre
Tu siempre asustado, tal vez paralizado por el miedo.
Todos sabrán ahora
que soy una equilibrista sin red de seguridad
Por cualquier pequeño error, vuelo,
vuelo.
Una equilibrista.



Podría intentar lucirme, ejercer de cretino pedante y narrarles la historia vital de esta voz privilegiada. Mejor que lo haga ella. Nunca me gustaron los intermediarios, terminan cobrando comisión y apropiándose de la mejor parte de la mercancía. Si disponen de quince minutos, activen los subtítulos de youtube, tal vez comprendan que la vida no es un telefilme maniqueista de buenos y malos; que debemos emplear la historia como trampolín hacia un futuro más amable y no como ancla con el que amarrarnos a los intereses perversos de minorías privilegiadas; que la clave para la definitiva solución del llamado “problema” de Palestina, de la generalidad de los absurdos conflictos universales, se esconde como todo tras una obra de arte, tras lo que se dice y lo que se calla en  una simple una canción.



De regreso a Barajas, un mensaje de telegram perturba mi particular acecho a las maletas:

– Ya me contarás a qué coño has ido a Israel.

– A encontrarme, amiga. A descubrir que no soy el fracaso de genio que equivocadamente diagnosticaron en la escuela; ni el ajedrecista más o menos “apañao” de la infancia; ni el skiman de mis hijos; ni el funcionario aburrido; ni el profe coñazo de mates financieras; ni el que corría maratones de montaña o pruebas largas de esquí nórdico, cuando la salud y las ganas aún lo permitían; ni el fotógrafo; ni la pareja de nadie; ni el economista; ni el melómano enfermizo; ni el conferenciante heterodoxo, perenne defensor de causas sin cura; ni el lector empedernido; ni el amante apasionado, cuando supero la barrera de la timidez; ni el activista; ni siquiera el aprendiz de escritor maldito con el que ahora me etiquetan…

– Tío, tú estás loco.

– Hakol Beséder B’Eli Haséder

– ¿Qué dices?

– Que todo está en orden, dentro del caos. Es una frase hebrea.

– Rafa, en serio, ¿no te habrás pasado con los sedantes para el vuelo? ¿te encuentras bien?

– Sí querida. Solo camino por la cuerda floja, con los brazos extendidos, sin garantía, ni red de seguridad, intentando mantener la mirada en un punto fijo que permita la supervivencia. Soy otro equilibrista.


Y hasta aquí llegaron mis amores inexplicables, esos desvaríos personales con los que les he martirizado a las cero en punto de cada viernes vacacional. Ruego disculpen ese enfermizo egocentrismo a la hora de expresarme. Asaltando la frase de Fernando Arrabal, también "me descubro ante el señor Bertolt Brecht que puede escribir la vida de Galileo; yo, cuando escribo, solo se hablar de mí mismo". Perdonen las molestias. Termino con otro par de temas de Awad, con la letra traducida hasta donde resulta posible en estas lenguas complicadas. No se me ocurre mejor manera. 

Azini (Consuelame)

Consuelame, consuelame,
oh noche, hazme desaparecer
Sus caricias no van a durar toda la noche
y todos los secretos permanecerán contigo
Consuelame, consuelame,
oh noche, hazme desaparecer
Sus caricias no van a durar toda la noche
y todos los secretos permanecerán contigo
Llega lentamente la oscuridad total
Oh noche, escondeme
No les deje ver lo que tengo en mis ojos
Oh noche, consuelame
Oh noche, hazme desaparecer
Oh noche.



Cloud

Las nubes cubren la luna esta noche
No dijimos una palabra en todo el camino
Las nubes cubren la luna esta noche
Los hechos, lo que se deja de decir
Las nubes cubren la luna esta noche
La ventanilla abierta y la emisora ha cambiado
Las nubes cubren la luna esta noche
No tengas prisa, no quiero llegar
Las nubes cubren la luna esta noche
Deja que me quede en este instante
Las nubes cubren la luna esta noche
Cambió el signo de la noche y el viento golpeó en mi mejilla
Las nubes cubren la luna esta noche
Las nubes cubren la luna esta noche
Y sin duda cansado
de repente me estás preguntando qué es esta oscuridad
no puedo leer los signos
y te dije, sé que estás agobiado
Las nubes cubren la luna esta noche
Y sin duda cansado
Llegamos, y ella estaba esperándonos
Llegamos y nos elevamos por encima de los aviones
Y tú corriste a abrazarla
y yo busco en la radio otra canción para tararear
porque las nubes cubren la luna esta noche



Feliz #VDLN, feliz semana. Si nada se tuerce volveremos la próxima con otros amores musicales, aunque ya dentro de una relativa normalidad; toda la que resulta posible a un bahlawan. Hasta entonces, disfruten de la vida con salud y en libertad. Y, si se sienten con fuerzas, añadan unas gotas de esa tolerancia que reclama el infinito arte de Mira Awad, mejoraremos todas.




Leer más

Triana. Recuerdos de una noche. Amores inexplicables (VII). #VDLN 121

11 Comentarios
Qué frío pasamos. Un error de principiante en alguien que vivió sus mejores días sobre las nieves de las montañas. Que quién iba a pensar que en agosto habría diez grados en el Puerto de Navacerrada. Pues cualquiera con cierto hábito de circular de noche por ese cuchillo natural que descuartiza Castilla en dos porciones casi exactas.


No fue malo el lugar escogido. La luz suficiente para manipular sin riesgos el material, la oscuridad necesaria para que el espectáculo no se turbara. Primero montamos el trípode, después la cámara. Enfoque al infinito para un obturador abierto durante veinte segundos. Aun conscientes de que la calidad de la toma se resentiría, ochocientos de sensibilidad y apertura cercana a la máxima. A ver que pasa. Aunque probamos otras combinaciones, como casi siempre, la primera idea resultó la más grata.

Nace el sol, por la mañana 
y de noche, se oscurece 
y la música monótona del grillo 
te adormece 
y te lleva 
y te eleva. 

Tiempo sin saber, ni dónde estás 
tiempo que se fue 
sin avisar. 
Pero intento descubrir 
si la verdad 
forma parte de mi ser 
y de tu ser. 
Tiempo que se va... 

Crece el árbol, nace el trigo 
y los recuerdos, también crecen 
y los días van curando las heridas 
de tu mente 
y te lleva 
y te eleva. 

Tiempo sin saber...



Durante largo rato esperamos en vano a que el tráfico bajara. Dónde iría tanta rueda de Rascafría a Villalba. Como en la danza de la muerte entre presa y verdugo, no se distinguía cual de las dos partes mostraba mayor sobresalto. Tanto que los coches se detenían y enfocaban con los faros asesinando instantáneas. Lo mejor, la charla. Perfecta con el amigo; agradable con esos seres sin rostro con los que compartimos una fusión magnética de tinieblas y esperanzas. Elegimos un trozo de cielo hacia el nordeste en el que apostarlo todo a doble o nada; nuestro sino cruel en esta vida, nuestro modo común de ejercer la existencia. Sentíamos envidia perversa de quienes lograban alguna captura sin otra herramienta que la humilde lente de un móvil de marca. No se trataba de diseñar una obra de arte, para eso nuestro sobrevalorado cerebro de simio omnívoro ya diseñó otros entornos. Tampoco de ganar nada. Solo de disfrutar, disfrutando de algo que entusiasma.

Quizá por esa extraña mezcla entre fracaso y sensación térmica, sucumbí a la necesidad de apartarme de todos por un rato. Encontré la excusa en hacer lo que uno hace cuando en el campo se aleja de la manada. La noche me trajo el recuerdo de otras noches, también hermosas, también estrelladas. Nunca entendí tu sometimiento a la contemporánea dictadura de la estética. Jamás te amé porque fueras bonita, te encontré preciosa porque te amaba. Y aunque   pese a una edad que va lastrando  aún albergo la esperanza de que el destino modifique mi criterio en otras manos, sigo convencido de no haber contemplado mayor belleza que la de aquel amanecer, tras una noche amplia. Yo, en el paraíso; tú sin maquillar – como a mi me gustaba –, con los ojos abstractos de rímel, vestida con mi camiseta larga. 

Tú que me hablas 
reina de la morería 
cada vez que estás a mi vera 
siento una gran alegría. 
Cada vez que estás a mi vera 
siento una gran alegría. 

Yo tunando a tu ventana 
yo me he venido a parar 
en recuerdo de una noche 
que nos vimos de verdad, 
en recuerdo de una noche 
que nos fuimos a enamorar. 

No cierres tu puerta con llave 
a mi corazón sediento 
que no importa que sepan la gente 
compañera, compañera 
que la Luna se baña en el río 
compañera, compañera…



La euforia colectiva por el clímax celestial, me devuelve al presente. Un rato más y recogemos, hasta esto cansa. De regreso a casa, con otra decepción que acumular a la espalda, decido revisar las tomas. Tal vez la diminuta pantalla de la EOS me impidiera en directo contemplar alguna presa; tal vez las cosas no pintan tan feas como a veces las vemos y siempre queda una esperanza. Nada. Un tanto atemorizado por la previsible respuesta, descargo las fotos antes de borrarlas. Abro darktable, el software libre que empleo para los raw desde que decidí eliminar de mi existencia cualquier huella de multinacional. Reviso con afecto fotograma a fotograma. 

Y... en una toma tan mala que no permite ampliarla, allí estaba. Pequeña, discreta, decadente, convencida de su inevitable fracaso, agredida hasta la sangre por las luces del progreso. Surcando el cielo orgullosa, aun consciente de su desintegración inmediata. Sin duda, mi estrella.

Puerto de Navacerrada, agosto 2.016
Espero que les gusten los Recuerdos de una noche evocados por los sonidos más oscuros de Triana, quizá la mejor banda de la música popular española. Jesús de la Rosa y su obra merecen una actualización diferente a las comerciales notas de El Barrio, a los ritmos metaleros de Medina Zahara o a ese delito legal de suplantación de personalidad que promovido por Juan Reina y consentido por la titular de los derechos sobre nombre del grupo (la viuda de Tele), continúa en activo. Triana, los que murieron en 1983 en fatal accidente a la altura de Villariezo, fueron, son y serán, uno de esos amores inexplicables, inmunes a la enfermedad del reloj. Quizá porque de ellos aprendimos que llevamos demasiado Tiempo sin saber o porque nos enseñaron que, tal vez, la vida no sea más que un permanente contraste de Sombra y luz

Una esquina cualquiera 
y bajo la luz de un farol 
dos jóvenes hablan 
se cuentan su vida 
y la ilusión de aquel amor 
de aquel amor. 

Sueñan con ser grandes 
con ser importantes, qué más da 
pero sólo queda 
un poco más tarde 
la luz del farol 
para alumbrar su soledad.



Disculpen las imágenes fijas en los vídeos. No hallé otra cosa. Feliz #VDLN, feliz semana. Salud y libertad.

Para ver las reglas y las canciones propuestas por el resto de participantes en este juego de blogs, pulse el botón.




Leer más